Sergio Tricio
Primera clase del especial de educación financiera: Sergio Tricio parte por lo que casi nunca se aborda, la relación que cada persona tiene con el dinero, y de ahí baja a los errores financieros cotidianos que, sumados, terminan costando millones.
La primera parte de la clase es deliberadamente psicológica. Tricio plantea que nadie desconoce que hay que ahorrar; lo difícil es hacerlo, por la misma razón por la que cuesta comer sano o entrenar: lo inmediato gana.
Tricio insiste en que ningún presupuesto sobrevive sin una motivación detrás, y usa una cita de Jim Rohn: la mayoría de la gente planifica sus vacaciones con mucho más cuidado que su vida, quizás porque escapar es más fácil que cambiar.
Hace además una distinción sobre quienes llegan a pedir asesoría: están los que llegan agobiados buscando escapar, que suelen pedir soluciones rápidas, y los que llegan tranquilos, con parte del trabajo hecho, buscando construir. La diferencia entre unos y otros, sugiere, se parece bastante a la diferencia de resultados.
Propone plantearse tres objetivos concretos, y advierte que ahorrar e invertir no aparecen como objetivos separados porque quedan contenidos en el segundo.
1. Aumentar ingresos. Mejorar habilidades profesionales, con la condición de que el curso o postgrado se pague solo en el tiempo. Negociar un aumento, pero preparando antes un plan de mejora de desempeño con una fecha en mente, no improvisando. Buscar una fuente adicional: él mismo complementó ingresos durante años poniendo música los fines de semana y haciendo clases. Y ponerle número: por ejemplo, subir 10% los ingresos, con al menos 20% proveniente de fuentes no laborales.
2. Aumentar el patrimonio. Acá está el concepto que considera más importante de toda la clase: patrimonio es activos menos pasivos. Recomienda hacer ese balance personal al menos una vez al año, contabilizando propiedades, ahorros, inversiones, vehículos y también el saldo en la AFP. Las ideas concretas: reducir deuda de consumo hasta dejarla bajo 7 veces el ingreso mensual, adquirir un activo que se revalorice, e invertir de forma sistemática entre 10% y 15% del ingreso.
3. Crear activos. Aquí recurre al cuadrante del flujo del dinero de Robert Kiyosaki: empleado, autoempleado, dueño de negocio e inversionista. Su observación es que la mayoría recorre los tres primeros en orden, pero el de inversionista no exige esperar: se puede entrar desde el primer día. Menciona un emprendimiento propio, una marca personal, activos digitales o activos reales que generen renta.
Antes de fijar metas, propone un diagnóstico honesto del punto de partida, y se detiene en un problema cultural: como nadie habla de dinero, no existe punto de comparación. La gente se compara con el compañero que viaja o cambió de auto sin ninguna evidencia real de cómo está financieramente.
Los datos de la encuesta suplementaria de ingresos del INE le sirven para aterrizar la conversación: cerca de 68% de las personas ocupadas gana igual o menos que el ingreso medio nacional, en torno a 900 mil pesos; 26,4% gana un millón o más, y solo 3,3% supera los tres millones.
La última parte se va a lo concreto. Lo que descuadra un presupuesto no es lo evidente:
Sobre el café, hace una comparación que resume su enfoque: un café de cadena cuesta unos 5 mil pesos, mientras que el kilo de café que compra al mes le sale unos 70 mil y le rinde alrededor de 150 tazas, es decir, del orden de 200 pesos cada una. No se trata de dejar de disfrutar, sino de saber cuánto cuesta cada cosa.
La lista de optimizaciones que revisa incluye: delivery frecuente, agua embotellada, suscripciones sin uso, compras por impulso, taxis por mala planificación de horarios, renovar el teléfono todos los años, comisiones bancarias por cuentas mal elegidas, seguros vendidos por teléfono con coberturas bajas y, el más caro de todos, pagar el mínimo de la tarjeta de crédito.
Para las compras por impulso propone dos preguntas antes de apretar comprar: ¿lo quiero o lo necesito?, y la regla de las 24 horas.
El matiz que cierra la clase es importante. Tricio rechaza que este ejercicio se transforme en puro sacrificio, porque así se entra derrotado al análisis. Su propuesta es identificar las dos o tres cosas que a uno realmente lo llenan —en su caso los libros, el running y los viajes— y dejarlas presupuestadas sin culpa, destinando el resto del ahorro a invertir.
Y ahí llega el número que ordena todo lo anterior: 150 mil pesos mensuales, invertidos al 8% anual durante 20 años, terminan siendo del orden de 89 millones de pesos. El mismo monto que a muchos les parece menor mes a mes.
En Patrimore te ayudamos a llevar lo que viste en este webinar a un plan concreto para tu situación. Agenda una conversación gratuita con nuestro equipo.

18 de noviembre de 2025

10 de abril de 2026

25 de septiembre de 2019