Los meses de entrenamiento ya están hechos: lo que queda por resolver antes del maratón de Santiago es casi todo mental y logístico. En este panel, Sebastián Campos conversa con Matías Silva, Rodrigo Cauas y Sergio Tricio sobre cómo gestionar la ansiedad de la largada, el dolor del kilómetro 30 y la planificación —también financiera— que hay detrás de una carrera.
Puntos clavelink
- Dividir la carrera en tramos es la herramienta más repetida del panel. El cerebro funciona mejor con metas cortas que con "me quedan 41 kilómetros", y sirve tanto para el élite como para el amateur.
- El principal enemigo del cerebro es la incertidumbre. De ahí que planificar hasta los detalles logísticos —qué ropa, a qué hora salir, dónde dejar el dorsal— no sea obsesión sino gestión de ansiedad.
- Según Cauas, dos tercios del dolor que se siente son mentales y solo un tercio es físico. El cerebro además no distingue entre dolor emocional y dolor por cansancio, así que pensar en el dolor lo intensifica.
- En el tapering no hay que bajar la carga de golpe: Silva recomienda mantener las intensidades y recortar el volumen, porque una caída brusca afecta tanto al cuerpo como a la confianza.
- Tricio traza el paralelo que da origen al webinar: la zona 2 —lenta, larga, aburrida— es el equivalente al ahorro mensual sostenido. Ninguna de las dos se siente heroica mientras se hace, y ambas son las que sostienen el resultado.
Los primeros kilómetroslink
La largada concentra un problema específico: el pelotón empuja a un ritmo que no es el propio, y la adrenalina impide notarlo. La recomendación de Silva es fijar puntos de control. Hasta el kilómetro 4 o 5 se acepta el desorden y se usa para acomodarse; desde ahí en adelante ya no hay margen para errores de ritmo.
Su regla práctica para saber si el ritmo es sostenible: hasta el kilómetro 25 o 30 los kilómetros tienen que ser llevaderos, al punto de poder decir frases cortas o levantar la mano al público. Si a esa altura eso ya no es posible, el ritmo no es el correcto.
Cauas aporta la contraparte fisiológica para el momento del encajonamiento, cuando la frecuencia cardíaca ya está alta sin haber corrido un metro: respirar solo por la nariz, con inspiraciones y exhalaciones de al menos seis segundos. Su argumento es que el olfato tiene vía directa al sistema límbico, donde se alojan las emociones, y que respirar por la boca desaprovecha buena parte del oxígeno.
Cuando el cuerpo pide pararlink
Acá está el núcleo del panel. Cauas parte de que los pensamientos modifican el funcionamiento del cerebro, así que la tarea es gestionarlos, no soportarlos. Describe dos estrategias que funcionan distinto según la persona: la asociativa, conectarse con lo que se está sintiendo para administrarlo —lo que suelen hacer los maratonistas de élite—, y la disociativa, desviar la atención hacia otra cosa cuando el malestar domina.
Su recomendación concreta es armar un plan de pensamientos por tramo, del mismo modo en que se planifica el ritmo. Y frente al muro, dos herramientas: visualizar dos kilómetros más adelante, para descolgarse del momento presente, y ponerse el siguiente objetivo, porque el cerebro se desengancha de la frustración cuando empieza a planificar lo que viene.
Silva agrega la mirada del corredor: si el cuerpo pide parar por vaciamiento de glucógeno, la respuesta es un gel, líquido y seguir. Su frase más contundente es que no hay peor lesión mental que retirarse de una maratón, porque el problema a resolver después deja de ser la marca y pasa a ser el abandono. La excepción es clara: una lesión que inhabilite cambia la ecuación.
Confiar en el procesolink
Campos plantea la objeción honesta: los consejos suenan bien en el escenario ideal, pero el proceso real tiene semanas perdidas, resfríos y entrenamientos que salieron a medias.
La respuesta de Silva es que un proceso perfecto es un proceso imperfecto. No todos los entrenamientos salen bien, y sentirse cansado no significa que el proceso haya fallado. Lo que importa es que no haya lagunas grandes. Su técnica frente a la duda es el repaso: recordar entrenamientos concretos que costaron y se completaron igual.
Silva también comparte el lado menos cómodo del alto rendimiento. Cuenta que después de una carrera que no salió como esperaba, buena parte de su motivación pasó a ser no volver a sentirse así, y reconoce que no está seguro de que sea sano. Es un momento inusualmente franco sobre el costo mental de competir.
Tapering y la semana previalink
El tapering suele entenderse como descanso, y ahí está el error. Silva explica que si el cuerpo y la mente se acostumbraron a meses de carga alta, bajarla de golpe genera su propio problema. Su recomendación es mantener los ritmos y las sesiones de intensidad, pero recortar el volumen —por ejemplo, series que sumaban entre 8 y 11 kilómetros pasan a no superar los 4.
Cauas suma el entrenamiento mental para esas semanas: sesiones de visualización de 10 a 15 minutos diarios, recorriendo distintos momentos de la carrera y con el trazado lo más presente posible. Si la ansiedad se dispara, propone relajación progresiva en las noches, contrayendo y relajando grupos musculares, empezando hasta dos semanas antes.
Para el sábado previo, su consejo va contra la intuición: levantarse temprano en vez de aprovechar para dormir, mantener la rutina habitual y elegir actividades que generen placer y desconecten. Y sobre el sueño de esa noche, Silva es categórico —nunca duerme bien antes de una carrera importante, lo asume como parte del proceso y dejó de tratarlo como una señal de alarma.
Lo que sí se puede controlarlink
Frente al clima, el transporte o una discusión doméstica, Cauas trabaja con listas: separar lo controlable de lo que no, y notar que buena parte de lo segundo es más manejable de lo que parece. Para el resto, plan A y plan B, apoyados en el recuerdo de entrenamientos con lluvia o frío.
Silva llega al mismo lugar desde la logística, con un consejo que le dio su suegra: resolver con anticipación todo lo que pueda generar estrés innecesario. Alfileres, dorsal puesto, geles, vaselina, ropa de cambio. No porque cada ítem sea crítico, sino porque un olvido menor la mañana de la carrera consume atención que hace falta en otro lado.
Campos aporta una práctica distinta y poco comentada: transparentar con el entorno que la semana previa uno va a estar más irritable y disperso, para que el círculo cercano lo absorba sin conflicto.
Finanzas y rendimientolink
Ante una pregunta del chat sobre si el estrés financiero afecta el rendimiento, Tricio responde con la misma lógica que Cauas aplica al dolor: irse a los datos concretos. Frente al miedo a un despido, revisar qué existe realmente —fondo de emergencia, seguro de cesantía, finiquito— convierte una amenaza difusa en un escenario acotado. Cauas complementa que cualquier emoción intensa, positiva o negativa, deteriora la calidad de las decisiones, y que conviene atender los síntomas del estrés antes de que deriven en burnout.
El cierre baja a lo práctico. Tricio describe cómo planifica un viaje de carrera repartiendo los pagos en el tiempo: primero el dorsal, que en el extranjero se mueve entre 100 y 250 dólares y suele agotarse con meses de anticipación; después el alojamiento; y al final los pasajes, que tienden a conseguirse mejor tres o cuatro meses antes. Lo que queda es el presupuesto para disfrutar el lugar —y para la tentación de la expo.
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