Sergio Tricio
A fin de año y con un nuevo presidente electo, Tomás Casanegra y Sergio Tricio revisan qué esperar de la bolsa chilena en 2026 después de un año excepcional, y por qué la respuesta tiene menos que ver con proyectar el futuro que con el precio al que se compra.
Casanegra abre con un ejercicio incómodo. Ubicarse ocho años atrás, con Piñera recién electo y el mercado convencido de que venían años buenos: lo que siguió fueron cuatro años con el IPSA cayendo más de 20%, cerca de un 6% anual negativo. Ubicarse después cuatro años atrás, con Boric electo, una constitución en discusión y anuncios que asustaban al mercado: lo que siguió fueron cuatro años en que el índice se multiplicó por 2,4, un promedio en torno a 24% anual.
Su conclusión no es que haya que adivinar mejor, sino dejar de intentarlo. En sus palabras, hay que decidir en qué se confía más, si en la propia capacidad de futurología o en el precio que quedó escrito en la factura de compra.
Tricio agrega el matiz que explica por qué es tan difícil: mirando hacia atrás todo parece obvio, pero en el momento la sensación era de miedo y las noticias eran malas. Casanegra completa con la idea de Morgan Housel que ya habían discutido: todas las crisis pasadas se ven como oportunidades y todas las futuras se ven como riesgo.
Hace cuatro años, cuenta, había emisores locales cuyo precio prácticamente había eliminado el riesgo de perder plata, con el IPSA transando cerca de 8 veces utilidad. Ahí aparece el dicho que Tricio dice no haber escuchado antes: no conviene apostar al fin del mundo, porque ocurre una sola vez.
El razonamiento que sigue es el que más se repite en la conversación. La pregunta no es si Chile puede terminar mal, porque ese riesgo existe siempre y hoy no es evidentemente distinto al de 2017. La diferencia es que antes ese escenario ya estaba en el precio. O como lo resume: si te vas a caer, mejor caerse del primer piso que del décimo.
Consultado por las proyecciones que circulan, Casanegra recuerda que el retorno de largo plazo de cualquier bolsa es aburrido y parecido: del orden de 6% a 7% real, más inflación. Por eso las corredoras responden 9% o 10% todos los años, sin importar el año.
El punto que le interesa es la brecha entre lo esperable y lo realizado. Nadie proyectó el año excepcional que estaba terminando —cercano a 50%, según su estimación— ni tampoco los años negativos previos. La variabilidad es tan alta que el promedio casi nunca se materializa en un año calendario.
Sobre dónde está parada la bolsa chilena aporta dos datos de contexto: la capitalización total de las compañías chilenas llegó a unos 300 mil millones de dólares en 2017, cayó a cerca de la mitad y hoy estaría en torno a 250 mil millones. Y los múltiplos, que en esa época superaban las 20 veces, hoy rondan las 12.
A eso suma un factor técnico: la ausencia de impuesto a la ganancia de capital sostenía múltiplos más altos en el Chile de antes, y su introducción los comprimió. Si ese efecto se revirtiera, cree que podría haber una sorpresa positiva en múltiplos, independiente de cómo evolucionen las utilidades.
Preguntado por oportunidades concretas, su respuesta es sobria: está en modo mantener. Compró durante el año, no está vendiendo y sigue cómodo con su cartera, pero considera difícil encontrar hoy las gangas evidentes de hace cuatro años, y dice estar psicológicamente preparado para retornos bastante menores.
Aprovecha para aclarar algo dirigido a quien recién empieza: para quien invierte en empresas que ganan plata y reparten dividendos, que el precio suba o baje importa menos que el desempeño del negocio. De hecho, precios más bajos le convienen a quien está reinvirtiendo dividendos.
De ahí sale uno de los pasajes más útiles del webinar. Para que una acción llegue a cero tiene que ocurrir algo muy específico: que la compañía pierda plata, necesite salir a levantar capital y el aumento se haga a un precio tan castigado que diluya al accionista hasta la mínima expresión.
Mientras la empresa gane plata, sostiene, ese mecanismo no se activa: si el mercado la valorizara en cero, sería una oportunidad y no una sentencia. La distinción entre compañías que ganan y compañías que pierden es, para él, la que separa el riesgo real del ruido.
Aplicado a los commodities, su consejo es mirar a la competencia. Cuando en una industria todos pierden plata y una pierde poco o nada, esa es la situación ideal, porque una industria completa no puede sostener pérdidas por mucho tiempo: la oferta termina ajustando.
Sobre cómo ser selectivo, Casanegra usa una imagen de caza: dispararle a nombres propios solo cuando la oportunidad está a tres metros, y mientras tanto mantener la plata rindiendo en algo disponible. Es la frase de Ben Graham que cita a continuación: no sé lo que el mercado va a hacer, pero sé lo que voy a hacer yo si lo hace.
En sectores, el financiero es donde más cómodo se siente. Considera que los bancos chilenos son sólidos y disciplinados, y le interesa especialmente la integración entre banco, seguros, rentas vitalicias y administradoras de fondos, por las sinergias sobre una base de clientes que ya está adentro. La lectura macro que agrega: si la reforma previsional aumenta las cotizaciones y las tasas siguen acomodándose, hay más dinamismo para toda la industria.
Sobre la acumulación de caja de Warren Buffett, su interpretación es que responde al tamaño: alguien de esa escala está obligado a jugar el juego macro y quedarse en caja cuando todo está caro, mientras que quien juega el juego chico siempre puede encontrar un emisor poco mirado.
El cierre conceptual llega con una comparación que aclara explícitamente que no es sobre el producto. Durante décadas, la acción de mejor retorno del mundo fue Philip Morris, y las tabacaleras estuvieron entre las primeras. La razón, dice, es que la amenaza permanente de regulación e impuestos mantuvo las valorizaciones ridículamente bajas, y reinvertir dividendos altos a precios sistemáticamente deprimidos produce un retorno brutal.
La analogía apunta al negocio previsional: una compañía que genera utilidades, paga buenos dividendos y cuyo precio se mantiene bajo por razones del entorno. Sobre Habitat menciona que, según su cálculo, multiplicó más de cinco veces en cinco años contando dividendos, y cerca de ocho reinvirtiéndolos.
Tricio cierra con la moraleja que se llevan los dos: quien empezó a invertir en los últimos cinco años vio subir todo lo que tocó, y eso no es como funciona el mundo. Respeto y prudencia, especialmente después de un año excepcional.
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